Hoy he ido a ver "2012" al cine y ello me ha recordado una historia budista popular que hay sobre la muerte. Os la quiero contar porque demuestra la realidad: que pasamos la vida sin aprovecharla y cuando llega el final nos arrepentimos.
Una vez un hombre invocó al Señor de la Muerte (Yama) y le propuso un pacto: que antes de que llegara su hora, le enviara algún tipo de mensaje. Yama aceptó. Fue pasando el tiempo para ese hombre. Gente de su alrededor, amigos, familiares, vecinos, etc., fueron muriendo. Mientras el hombre seguía con su vida. Cuando le llegó el momento y Yama se presentó ante él para reclamarlo, al hombre le entró el pánico. Le reprochó el pacto que habían hecho y el Señor de la Muerte le respondió: "y he cumplido. Yo te envié mensajes", y enumeró todas las personas cercanas a él que habían muerto. "Y ahora te toca a ti".
El hombre no fue capaz de pensar que cada ser cercano que muere, es un mensaje, una llamada de atención para que, sin dejar de vivir mientras nos dure, nunca olvidemos que la muerte está ahí. El recordarlo y asumirlo ayuda a afrontarla con menor temor, como ya he comentado en textos anteriores. Nos pasamos la vida distraídos en cosas que, a la hora de la verdad, no tienen la menor importancia. Y lo que realmente tenemos que preparar lo relegamos al baúl del olvido, cuya tapa sólo se levanta cuando la muerte nos acecha. Y entonces ya es demasiado tarde.
"2012", al margen de la temática y de cuestionar su veracidad, es un buen ejemplo del comportamiento humano ante la amenaza de la muerte. Como espectadores nos horrorizamos de ver cómo algunos dejan atrás incluso a familiares para sólo salvarse ellos de la hecatombe, de ver cómo los mandamás comercian con la vida. Pero es que la realidad es ésa, nuestro pánico a la muerte nos convierte en egoístas, inhumanos y mediocres, porque no la tenemos asumida, ni la aceptamos. La importancia de prepararse a conciencia para recibir la muerte radica en que lo que ocurra en nuestros últimos momentos, determina nuestro destino en la próxima existencia.
